Los Colores de FUNARTE: Paz, Amor, Esperanza y Libertad

Cuando tienes que contar una historia, que se ha gestado por 20 años y con múltiples actores y aspectos, toca vestirse de la inocencia necesaria para salir al encuentro de la realidad, de tal forma de que sea esta la que nos encuentre.

Esa fue mi primera apuesta: Descubrir el proyecto a través del trazo de los niños, de las miradas creadoras, del abrazo que significa el trabajo de tantos adultos que aún conservan la llamita encendida de lo que el arte despertó en ellos.

Me entregué al disfrute de dejarme sorprender y que la realidad rebasara cualquier guión o mapa preconcebido en mi cabeza de lo que podría ser FUNARTE y el video sobre FUNARTE. Y así, de taller en taller, de mural en mural fui siendo testigo del poder transformador del arte a través del amor; a veces, eran los niños, a veces las madres, los padres, los maestros, maestras, los mismos compañeros y compañeras del equipo de FUNARTE. Nadie se salva! Es un proceso implacable e impecable.

Crecía dentro mío la responsabilidad de cómo transmitir, de la mejor forma posible, tanta magia hecha color.

Ver la libertad con la que niños y niñas se sumergen en su creación en gama de azules y negros, de sepias y rojos, el arcoíris como puente para que la emoción surgiera de sus dedos, de sus pinceles, hecha trazo y vida, manifestando silencios y alegrías, lágrimas guardadas y hallazgos en su interior.

Ahí estaba la Divina Gracia del Ser Humano desplegándose ante mis ojos: Somos, definitivamente Creadores, y por eso el Arte Humaniza.

Cuando se le entrega un pincel a un niño, a una niña, desde el lugar de afecto que lo hace FUNARTE, se les da poder, libertad y esperanza; la posibilidad de sentirse creadores de sus vidas y de la realidad que viven, que pintan.

El Arte humaniza y el arte colectivo crea conciencia social, verdadero espíritu de cooperación; necesarios, junto al amor, para crear y consolidar una verdadera cultura de paz. No es poca cosa lo que FUNARTE está haciendo en Estelí y en Nicaragua.

Haber tenido el reto de sintetizar en 20 minutos finales tantas horas de grabación, tanta vida, tanta magia, tanta transformación…me parecía casi un reto imposible. Pero operó la misma magia… fluyó con el trazo de los niños, de sus rostros, de su testimonios, así como de todos los que han sido tejidos por el proyecto en tanto años… y la trama iba emergiendo, como si solita cobrara forma.

Así pues, fue también una labor colectiva, de la cual, estoy a nivel profesional y humano, profundamente agradecida.

 

Erica Tomas